DIOS NO SABE JUGAR AL ESCONDITE
Dios parece esconderse para que le busquemos pero se esconde mal y si tardamos mucho en localizarle, se hace el encontradizo.
Llega un momento en la vida de toda persona que se pregunta por el sentido de su existencia, que Dios, verdadero autor de la misma, se le hace presente.
A veces esos encuentros son tumbativos -experiencias a lo San Pablo- pero lo habitual es que Dios se acerque a cada alma, no como un huracán, sino como una brisa leve y fresca.
Así, valiéndose de circunstancias normales, ordinarias, cotidianas -tantas veces un suceso luctuoso que nos produce dolor- Dios se va metiendo en el alma para dar hondura a nuestra vida.
A continuación se muestran dos ejemplos, ciertamente llamativos, de esa cercanía de Dios con sus hijos.
LA TELE CAMBIÓ MI VIDA
Gabriela
UNA ENFERMERA ABORTISTA DE BILBAO SE CONVIERTE
EN EL HIMALAYA